La vendimia ya está en marcha en Villarrobledo y este año lo hace con un adelanto de entre 15 y 20 días. Las altas temperaturas de las últimas semanas han acelerado la maduración de la uva y, en algunas parcelas, incluso han provocado que parte del fruto se seque o se queme. Los agricultores afrontan así una campaña que, al menos en sus primeros compases, está dejando menos kilos y más incertidumbre. En Villarrobledo, las primeras variedades comenzaron a recogerse el pasado 1 de agosto, mientras que en campañas anteriores los trabajos podían prolongarse hasta los primeros días de octubre.
El calor ha sido, por tanto, uno de los grandes protagonistas de esta campaña. Durante semanas, los termómetros han alcanzado e incluso superado los 39 grados durante el día, mientras que las noches tampoco han dado un respiro a las plantas. Una situación que ha obligado a adelantar la recogida para evitar que la uva continuase perdiendo calidad y, en algunos casos, incluso llegase a perderse parte de la cosecha. La consecuencia se está notando directamente en los rendimientos. Pero más allá de las fechas, el agricultor está encontrando otra diferencia importante cuando la uva llega a la bodega: el peso de los remolques.
La menor producción se convierte así en un nuevo problema para el agricultor, que afronta una campaña en la que cada kilo cuenta. Y a la reducción de los rendimientos se suma una cuestión que viene preocupando al sector desde hace tiempo: el precio que se paga por la uva. En un escenario marcado por el incremento de los costes de producción, el agricultor reclama que exista un equilibrio entre lo que cuesta mantener una explotación y lo que finalmente recibe por su producto.

La preocupación no se queda únicamente en el presente. La situación de rentabilidad también está haciendo que algunos agricultores comiencen a plantearse qué hacer con sus explotaciones de cara a los próximos años. La decisión de reducir inversiones, prescindir de determinados tratamientos o incluso solicitar el arranque de viñedos son escenarios que, según este agricultor, ya comienzan a estar sobre la mesa. Y en una localidad como Villarrobledo, donde el campo sigue teniendo un peso importante, las consecuencias podrían ir mucho más allá de las propias explotaciones.
Una vendimia que acaba de comenzar, pero que ya deja las primeras consecuencias de un verano marcado por el calor extremo. Menos kilos, más incertidumbre y la necesidad, una vez más, de que el agricultor pueda obtener un precio que haga viable mantener el cultivo y seguir viviendo del campo.