Faltan apenas dos días para que Villarrobledo se vuelva a reencontrar con una de sus celebraciones más especiales. El próximo viernes arranca la festividad del Dulce Nombre de María, tres jornadas que estarán marcadas por la tradición, la convivencia y, sobre todo, por la devoción a la patrona de Villarrobledo, la Virgen de la Caridad.
A estas horas, los preparativos se viven con mucha ilusión y muchísima intensidad. Detrás de cada acto hay días de trabajo y muchas manos volcadas para que todo esté listo cuando llegue el momento de celebrar.
Uno de los elementos más esperados volverá a ser la Ofrenda Floral a la Virgen de la Caridad, cuyo montaje ya está tomando forma. Un trabajo artesanal que comienza con una estructura de malla metálica sobre la que se coloca papel de seda con cola blanca y agua. Después llega el dibujo y, finalmente, las flores que darán color a la composición.

Este año, la Ofrenda estará protagonizada por flores blancas y amarillas, elegidas para vestir el manto de la Virgen en una nueva creación que, como cada año, nace de la colaboración de todos los integrantes de la comisión.
Una labor que va mucho más allá de preparar una celebración. Para quienes participan en ella, es también una manera de mantener viva una tradición y devolver a Villarrobledo una parte de todo lo que la Virgen de la Caridad significa para el municipio.
Y es precisamente esa devoción la que da sentido a todo el fin de semana. Porque, aunque habrá música, baile, cena y momentos para compartir, desde la Hermandad recuerdan que el verdadero motivo de esta celebración es honrar a la patrona de Villarrobledo.

Además, la festividad tiene también un importante componente solidario. Parte de lo recaudado durante el fin de semana y a través de la tómbola se destina a las llamadas Obras Pías, colaborando con quienes más lo necesitan y apoyando diferentes iniciativas de carácter social y religioso.
El Dulce Nombre de María comenzará este viernes y continuará durante el sábado, poniendo el broche final el domingo por la mañana con la celebración de la misa.
Tres días para celebrar, pero también para agradecer, compartir y volver a encontrarse alrededor de una tradición profundamente arraigada en Villarrobledo. Una fiesta que, un año más, comienza mucho antes de que suene la música: entre pinceles, flores, papel de seda y, sobre todo, entre muchas personas que ponen su tiempo y su cariño al servicio de la Virgen de la Caridad.

Y quién no recuerda, siendo pequeño, ir de la mano de sus padres o de sus abuelos para visitar a la Virgen en su día grande. Un recuerdo que forma parte de la infancia de muchos villarrobledenses y que, con el paso de los años, se convierte en una de esas tradiciones que se heredan de generación en generación. Porque para muchos, volver a encontrarse con la Virgen de la Caridad en estos días es también volver, por un instante, a aquellos recuerdos de cuando éramos niños.